domingo, 7 de abril de 2013

Vamos a arreglar el mundo

Yo pensaba que lo del síndrome postvacacional era algo que se habían inventado los telediarios para rellenar hueco en ciertos momentos del año, como cuando hablan del calor en verano, el frío en invierno o las colas de las rebajas. Yo pensaba eso hasta que empecé a trabajar.
Por que hay que ver lo rápido que me acostumbro a la rutina de las vacaciones, incluso me adapté a dormir  en mi pueblo con el colchón sobre el suelo, en modo futón, ya que era la única manera de poder pegar ojo en una cama que, así a ojo, debió ver nacer a mis abuelos.  

Y cuando te has querido dar cuenta ya pasó la semana ¿por qué pasa el tiempo tan rápido cuando estamos de vacaciones? y vuelves a la maravillosa rutina: los atascos, el transporte público, el tupper, los correos de tu jefe que decidió no desconectar... 
En ese momento, cuando te preguntas cómo pasaste de ser un estudiante cuya única preocupación era saber dónde sería la próxima "calimotxada" a ser un trabajador que no puede ni quejarse porque "está la cosa muy mal y demasiado que tienes trabajo", llegas a la conclusión que la culpa la tiene la sociedad y la clase política de este país. Porque si hay algo en lo que los españoles estamos de acuerdo, es en que nosotros jamás tenemos la culpa de nada. 
Entonces comenzamos a hacer algo también muy español: arreglar el mundo, y sobre todo hacer esto en un bar/sobremesa de un almuerzo familiar. Espero no ser la única persona que piensa que si sus señorías se reunieran en un bar, en vez de en el Congreso, Angela Merkel tendría envidia de nuestro sistema económico. Qué narices, ¡seríamos la envidia de Europa!.
Y no lo digo en broma, quiero comenzar una recogida de firmas para transformar los escaños del Hemiciclo en barras de bar, con sus grifos de cerveza y camareros sirviendo cacahuetes y aceitunas a demanda. 
¿Me he vuelto loca? Ojalá... Pero en mis últimas vacaciones he solucionado la crisis unas cinco veces, por supuesto sin tener ni idea de economía, y si la educación de nuestros niños dependiera de los que me acompañaban en tan ardua tarea de opinar sin saber, ríete tú de los resultados en Finlandia. 
¡Pues eso digo yo, Ana Rosa! Mirad, aquí tengo una firma segura a mi propuesta del Congreso de los  diputados. Parece mentira que nadie se haya percatado aún de la capacidad resolutiva que adquirimos cuando nos tomamos un par de cañas con su correspondiente tapa, seguro que nuestros políticos aumentan su ingenio y productividad de una manera asombrosa. Y si no que se pasen por cualquier bar de España, que cualquier buen hombre le da un par de consejos.

Desgraciadamente escribo esta entrada desde mi casa, así que espero que sepáis entender que mi creatividad ande por los suelos y esta semana os abandone un poco antes. Y para los que no lo entiendan, y dado que hoy he hablado de sus señorías, les diré: 
Os quiero, ¡gracias por leerme!

1 comentario:

  1. ...no te creas que hace falta la barra de un bar. La gente normal ve las cosas con más sensatez que muchos políticos, entre otras cosas porque, salvo excepciones, estos últimos son gente que no se involucra por un servicio público o vocacional,sino para medrar y enredar.
    ¿Qué esperamos pues?

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